jueves

Lo que lees es sólo tuyo



La función del lector/1


Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos.

Mucho caminó Lucía, después, mientras pasaban los años.

En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquia, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas.

Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.

Lucía no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto le ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo.

EDUARDO GALEANO
El libro de los abrazos



1 comentario:

Irina. dijo...

Ja,jja,jjaaaaaaaaaaa..

¡Bienvenida a la blogosfera!! (nunca aprenderé a pronunciarlo aunque me sienta atrapada). Un placer inmenso ser la primera en releer.

De vuelta en el número siete, por unos días, ¿y qué me encuentro?. La cita que encabeza mi entradica, para que Agosto no quede mudo, es de Galeano. La apunté a finales de Julio, allá por donde internet no existe,no sé qué día. Precisamente a ésto es a lo que le llama Irina coincidencias aunque últimamente anda muy liada con las neuronas espejo, je,jjee, no sé cómo terminará esta niña...

Uno de mis mejores abrazos para ti porque, y por mucho que los gigantes se empeñen, de abrazos nunca habrá crisis.